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El diseño defectuoso de un vehículo capaz de producir lesiones más serias que si el diseño del vehículo hubiera sido seguro.
He aquí tres casos recientes que
subrayan nuestra efectividad en el área de lesiones causadas
por un vehículo defectuoso; Borgia
v. Auranco, Inc., Echevarria
v. Subaru y Williams v. Badlands
Motorcycle Co.
En el primer caso, un joven de 25 años
sufrió severo daño cerebral y su hermana de 40 años
resultó seriamente lastimada cuando otro auto chocó
de frente con la camioneta tipo van convertida en que viajaban
a 35 millas por hora. Ellos estaban en los asientos delanteros,
con los cinturones de seguridad puestos, los cuales estaban
atorados a un arnés en tres puntos. Al momento del impacto
los asientos se desprendieron de sus rieles y las cinchas
de los cinturones se rompieron, estrellándose al interior
de la van. El conductor del otro vehículo resultó
sólo con heridas leves. Los demandantes obtuvieron el
veredicto del jurado por $35,000,000
en contra del fabricante del pedestal de los asientos.
En el segundo caso, al viajar como pasajero
en un asiento invertido instalado en la caja trasera de una
camioneta de carga Subaru Brat, un hombre de 19 años
sufrió daño cerebral y parálisis. El vehículo
sufrió una volcadura a baja velocidad, lo que causó
que el demandante saliera disparado de él. La compañía
Subaro ha incluido ese asiento trasero en la caja de carga,
para evitar el pago de una tarifa del 25% si el vehículo
fuera importado a Estados Unidos como camioneta pick up. Ese
mismo vehículo fue vendido en los demás países
del mundo sin el asiento trasero invertido en la caja de carga.
El jurado dio un veredicto compensatorio a nuestro cliente
por $2,800,000.
En el tercero caso, uno de nuestros clientes
iba manejando su motocicleta cuando otro motociclista lo tocó
e hizo que perdiera el control de su vehículo. Aunque
llevaba puesto el casco, éste no lo protegió de
sufrir lesiones en la cabeza. Nuestro cliente, a pesar de
la baja velocidad del impacto entre el suelo y el casco, sufrió
daños cerebrales que le impidieron regresar a trabajar.
Se descubrió que el fabricante del casco nunca le practicó
pruebas de seguridad y lo vendió contraviniendo las leyes
para cascos. Si éste se hubiera diseñado de conformidad
con los requisitos estatales y federales establecidos, la
lesión cerebral se habría evitado. Este caso se
arregló contra el fabricante del casco por la suma de
$900,000.
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